domingo, 19 de febrero de 2012

ARRIBA Y ABAJO POR LA VIDA





Nada ahora me causa tanta alegría como ver a los niños.
No es que antes no me la dieran, pero eran parte del “paisaje”. En mi juventud no deparaba mucho en ellos aunque fueran parte de la cotidianidad de la vida.
Eran una realidad del entorno como el cielo y las nubes. Y una nota de sonido, una pincelada de color.
Cuando uno es joven, más que vivir, forja sueños para el futuro, construye proyectos para la vida y de la vida se tiende a ver más la luz que la sombra. Y los niños por el momento son pequeños seres que no te conciernen.
Posteriormente llega el momento en que, si tienes hijos, les educas y les encaminas y eso es lo que más te preocupa. Es una segunda etapa. Es el momento del pleno sol. Tú te haces escuchar por ellos y a ellos les escuchas lo justo.
Después, cuando el tiempo va pasando, según se va viviendo la vida, con sus luces y sombras, es el mismo camino que la vuelve como más gris y en penumbra. Cuando los hijos ya crecieron y emprendieron el vuelo, es difícil retomar la vida y superar lo que llaman el “síndrome del nido vacío”. El gris tiende a dominar el panorama vital.
Es ese momento en que comprendes que tu futuro es ya tu pasado, y tal cosa ha sucedido casi inadvertidamente, porque el pasar del tiempo es traicionero, como una especie de “enemigo invisible” que adviertes ante el espejo en forma de sombras que ni siquiera son arrugas en tu cara pero que luego si que serán arrugas y no te has dado ni cuenta. Llegaron. Son surcos en el mapa de tu semblante que han ido como escribiendo tu historia. En tu frente tus perplejidades, entre la nariz y la boca tus amarguras. En torno a los ojos tu sonrisa y tus alegrías.
Y también, en forma solapada el frío no lo notas fuera, sino dentro de los huesos. Ha llegado tu atardecer.
Si, una cosa así es el pasar del tiempo. O también, apuntarte las cosas que tienes que hacer o comprar, ir llenando la casa de pegatinas, buscar las gafas que los duendes se llevaron. !Dios mío, como aumentan los duendes por la casa cuando pasan los años!
Pero también hay cosas buenas, te das cuenta de saber un montón de cosas, muchísimas, e incluso de ver claro lo que antes te parecía oscuro. La vejez si por una parte es niebla, por otra es clarividencia y lucidez.
Yo creo que cuando algunos viejos, de repente dejan de hablar, es porqué han alcanzado una tal clarividencia que prefieren no compartirla. Dominan la luz y el color blanco de la nieve en invierno.
Bueno, como muchas oras veces me he puesto a divagar ya que no quería hablar sobre la vejez, aunque ya hablaremos porque esa edad termina siendo una edad muy interesante de la vida aunque poco comprendida ni valorizada excepto en la antigüedad cuando en Grecia y Roma los senadores, es decir, las personas con experiencia, ocupaban un lugar importante en la sociedad. Actualmente eso ocurre en las tribus africanas donde los ancianos son escuchados con respeto y atención. Aquí en nuestra realidad europea ni lo uno ni lo otro. El anciano es una especie de “no existente”.
Bueno, pues aparte éstas consideraciones sobre los años del otoño y del invierno, debo decir que en medio de la nieve blanca, a veces todo se vuelve como un diamante reluciente. Ese brillo lo tienen los niños y es apreciado en modo particular por los mayores. Por eso los niños y los mayores se comprenden tan bien.
Lo que quería decir desde el inicio antes de perderme en divagaciones es que a los niños me encanta escucharlos. Dicen cosas asombrosas. Diré más. Creo mucho más interesante lo que dicen los niños que los adultos. Quizá porque la inteligencia de ellos es virgen, no está manipulada, sus razonamientos son claros y carecen de ese retorcimiento de los adultos.
Recuerdo éste verano en que mi nieto de nueve años Javi se puso malo y por unos días no iba a la playa, así que los dos nos íbamos a sentarnos en un bar del paseo y allí frente al mar, yo con un periódico, él con un cuento, no leíamos, sino que hablábamos y puedo decir que nuestra conversación no tenía nada que envidiar a las de los adultos. Me parecía curioso como el niño estaba al tanto de las cosas que ocurren en el mundo y de lo sensato de sus opiniones.
Hoy sé que mi nieta de nueve años Dalia ha hecho una presentación en su cole de Holanda sobre Italia y que la niña se ha hecho un power point.!Oh, señor, yo no sé como se hace un power point! Pues ella lo ha hecho. Yo lo he visto por Internet y hablaba del arte, la gastronomía, el diseño italiano, en fin, no faltaba detalle.
También mi nieto Gonzalo se desenvuelve fenomenal en las nuevas tecnologías y también en las escenas teatrales, hay que decir que tiene tablas y domina el escenario. En cuanto el benjamín de la familia, Antoni, ha elegido como deporte favorito la esgrima, cierto, mi hija es italiana así como el abuelo del niño y hay que decir que en Italia son campeones de esa práctica deportiva.
Le he visto, siempre por Internet, qué bueno éste invento para familias dispersas por Europa como la nuestra, y me maravilla la maestría de tan pequeño esgrimista.
Y he aquí por lo tanto que me encuentro a éste peque de cuatro años en posición de mosquetero, pequeña versión de D´ Artagnán.
Y se me dice que el pequeño mosquetero, el más pequeño de su grupo, se sabe muy bien las reglas del juego y protesta lo debido cuando el adversario no las respeta.
Por lo cual concluyo a la inversa de cómo empecé: en el entorno en el que vivo los niños propios y ajenos es lo que más llama mi atención y las nubes y el cielo están ahí como siempre pero ya no protagonizan la escena en mi vida.

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