
Recuerdo los febreros de mi infancia en Madrid como los más fríos y nevosos. En aquella época me gustaba jugar con la nieve al salir del colegio. Mi colegio estaba cerca del Parque del Retiro y después de las batallas de bolas con mis amigas llegaba a casa con los guantes de lana chorreando, la nariz y las mejillas rojas.
También durante mi vida en el norte de Italia en Parma, ciudad al pié de los Apeninos, el frío no era una broma, nevaba mucho durante todo el invierno, para coger el autobús los vecinos de la calle debían abrir una zanja como las de la primera guerra mundial.
De aquella época recuerdo que, estando yo metida en política y en varios movimientos, muchas veces poníamos una mesita en la Plaza Garibaldi y nos sentábamos con gorros de lana y bufandas a solicitar a los que pasaban para que se unieran a nuestra causa que en general era algo que tenía que ver con el federalismo europeo, los derechos humanos, de la mujer, el ambiente o el bienestar animal.
También hoy suelo firmar las mismas cosas pero en el ordenador y en el calorcillo de mi casa. Hay una buena diferencia. Entonces a menos diez grados en la plaza Garibaldi el único calor lo conseguíamos tomando alguna copa de grapa-la botella solía estar debajo de la mesa- pero el frío no nos solía desanimar ni la nieve tampoco.
Aquí en Pamplona éste año estamos teniendo un febrero gélido. Para sacar de paseo al perro Pippo por la nieve hay que ponerle una especie de abriguito perruno y un impermeable con capucha. Debo decir que como es bajito, pues de la nieve sale la cabeza y la cola y me recuerda aquél misterioso cuadro de Goya en que lo único que se ve es la cabeza de un perro caminando.
Mientras escribo, mi hija Graziella que vive en Holanda me dice en un e-mail que están llegando a menos treinta, que los canales y lagos están helados, que la gente patina por los canales, los cisnes y patos han sido retirados a cubierto por parte del personal que se ocupa de la fauna ciudadana y que mis nietos se lo están pasando genial patinando. Me envía varias fotos, en una los veo subidos en una barca aprisionada en el hielo de un lago. Van vestidos los niños como de esquimales y tienen-como me sucedía a mi-la nariz y las mejillas rojas.!Qué bien se lo pasan! Por lo mnenos eso deduzco de las fotos.
También hoy 12 de febrero es el cumple de mi nieto Javi. Hemos soplado sus diez velitas y yo he pensado al día que nació. Dios mío. Me parecía ayer mismo.
Y así van pasando los febreros de mi vida.
FOTO: NIETOS PATINANDO EN LAGO HELADO EN HOLANDA
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